Eduardo Epple Held: “Cuando es más difícil, parece que gusta más”

En el sector de camiones, lejos del ruido de la pista y más cercano al trabajo silencioso de corrales, estaba quien pocas veces busca protagonismo, pero cuya mano está detrás de muchos logros: Eduardo Epple Held, propietario del criadero Puyehue Ñilque.
La clasificación de la collera de Sebastián Ibáñez y Vittorio Cavalieri, de la Asociación de Rodeo Río Rahue, al 77° Campeonato Nacional de Rodeo, tras sumar 24 puntos (11+11+2) más 5 en el desempate, en los lomos de Piedras Blancas del Arrayán Buen Recuerdo y Puyehue Yucatán, es motivo más que suficiente para detenerse a conversar.
“Muy contento, muy contento”, resume de entrada. “El equipo ha funcionado súper bien esta temporada. Nos costó un poquito al principio, pero fuimos agarrando vuelo. El Vito y Sebastián se conocen de memoria, y Cristian, que trabaja los caballos con el ‘Pepe’ y los chicos en el criadero, han hecho un muy buen trabajo”, dijo.
Para Epple, el resultado es la culminación de un proceso. “Hoy día se corona un premio a Rancagua, que es lo que buscamos todos. La tarea es larga, es difícil, y cuando es más difícil parece que gusta más. Así que estamos felices”, dijo.

El valor de Yucatán
Si hay un ejemplar que le despierta una emoción especial, es Puyehue Yucatán. “Claro que tiene un sabor distinto”, admite. “Es un caballo nuevo, ha corrido dos temporadas y en las dos ha llegado a Rancagua. Viene directo de la yegua Escarapela, a la que le tenemos mucho cariño. Es una yegua que le compré a Marco Rodríguez”, cuenta.
Como criador, no oculta el orgullo. “Estamos trabajando para llegar a Rancagua y eso, como criadero, es lo que todos buscamos. Que un caballo criado en casa llegue a estas instancias es una tremenda satisfacción”, declara.
Pero la temporada no termina aquí. “Está empezando”, advierte. Sebastián ahora correrá una yegua nueva junto a Cristian, en su primera temporada lograron completar. “Vamos a tratar de buscar el otro cupo. Después queda la collera mixta, un caballo que tuvimos que operar por un problemita en una pierna, un tumor pequeño. Hay que seguir trabajando para ver hasta dónde llegamos. Si sale otra collerita, felices. La tercera ya me va a dar un infarto”, bromea.
El crecimiento de Río Rahue
Parte importante de este presente se explica en el desarrollo de la Asociación de Rodeo Río Rahue, entidad que Epple ayudó a formar junto a un grupo de amigos.
“Partimos con expectativas moderadas, porque la decisión era difícil. Salirnos de Osorno no era menor, éramos casi hermanos. Nos dijeron que estábamos locos, que era una tontera dividir la asociación”, recuerda.
Sin embargo, el tiempo les ha dado respaldo. “Empezamos a trabajar calladitos. Hay un grupo humano extraordinario, gente que se saca la mugre por el rodeo. Tenemos amigos que nos apoyan para poder hacer los rodeos y los resultados económicos han sido positivos; no estamos encalillados”.
El crecimiento ha sido sostenido: “El primer año partimos con dos o tres colleras; el segundo, con cuatro o cinco. Este año se completaron once colleras. Si a eso le sumas las catorce de Osorno, estamos hablando de 25 colleras en la provincia. Es una cifra que no se había visto antes en este sistema de clasificatorios”.
A su juicio, la división no debilitó, sino que fortaleció el rodeo provincial. “Hoy hacemos más rodeos, se completan más colleras y no estamos corriendo hasta la una de la mañana como antes, cuando había 60 colleras por serie. Ahora pueden ser 80, pero el sistema funciona mejor y terminamos antes. Eso también nos permite compartir”.
En Río Rahue, explica, el club madre es Purranque. “Después del deporte podemos reunirnos en el casino, que es extraordinario. Lo pasamos bien, compartimos. No es solo correr, es también hacer comunidad. La idea es que las dos asociaciones sigamos creciendo juntas; al final, somos hermanos”, destaca.
La conversación no podía terminar sin la pregunta inevitable: ¿volverá a correr?
Epple sonríe. “Difícil. Estamos un poco pasados en los kilitos. Había bajado algunos, pero los encontré de nuevo”, dice entre risas. “Habrá que esperar a la próxima temporada”.
Por ahora, su lugar sigue estando en los corrales, acompañando a su equipo y viendo cómo los frutos del trabajo paciente del criadero Puyehue Ñilque vuelven a instalar su nombre en la máxima cita del rodeo chileno.
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