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Anuario de 1979: ¡Gracias, noble "Antifaz"!

Autor: Caballoyrodeo.cl
Revisa este artículo dedicado a este destacado ejemplar, escrito por Eduardo Varela Miquel.

En el Anuario de 1979 de la Asociación de Criadores de Caballares y de la Federación del Rodeo Chileno, fue publicado este sentido homenaje al destacado ejemplar "Antifaz", escrito por su dueño Eduardo Varela Miquel.

Revisa la transcripción del artículo:

Escribe: Eduardo Varela Miquel

¡Cómo no recordarte! Te conocí en 1961. Mi primera impresión fue una sola: ¡qué magnífico atorrante! Luego supe que habías nacido hacía cuatro años y en vísperas de Navidad, allá en los cerros de Chancón. Allí fue donde, uniendo faldeos y quebradas, se llegó a forjar la recia trama de tus músculos, en interminables galopes.

Y llegó el día, el gran día, que había de unirnos para siempre. Fue cuando se produjo tu traslado desde el antiguo y prestigioso criadero "Chancón" al de "El Cardal", de San Vicente de Tagua Tagua.

- ¿Y este manquito?- pregunté-. ¿Será de fina sangre chilena o poney?

Se justificaba la duda, viendo el invierno retratado en tu cuerpo: barro desde la cruz hasta la cola, cubierto casi de largos pelos grises, parecías realmente estar disfrazado. Sin embargo, a través de esa mala capa se irradiaba un magnetismo especial; orejitas vivaces y siempre erguidas, y dos ojos luminosos, que denotaban clara inteligencia.

- ¡De gran origen es el manquito ése! –me respondió alguien-. Hijo de "Aturdido" y "Limosnera”, por lo tanto bisnieto de "Contre", legendario tronco de familia, que se ha caracterizado por ser un notable transmisor de aptitudes.

- ¡Gracias!..., déjeme hasta ahí no más…

Los eruditos, con mucha soltura de cuerpo, sostienen que el caballo carece de inteligencia. Difiero categóricamente de tan respetable afirmación. La historia está cuajada de ejemplos que demuestran todo lo contrario. Además, en este aspecto estoy segurísimo que todos los corraleros compartirán mi opinión.

Creo y afirmo que sólo con inteligencia pudo "Antifaz" realizar proezas que otros lograran alcanzar con su potencia física…

Si aún me parece estar viéndote en los rodeos y campeonatos nacionales; tranquilito, humilde, pequeño. Con tu poca alzada, como se dice en jerga corralera, jamás hubieras conseguido deslumbrar a nadie. Parecías un niño intruso, metido entre hombres de gran corpulencia. Tu piel azabache, magnífica, y la frondosa crin rizada de tu cola, eran los únicos atributos de real belleza que te pertenecían.

El poder mágico de tu fuerza residía en lo íntimo de tu ser. En un corazón gigantesco pleno de grandes impulsos, capaz de estrechar contra las quinchas a overos o claveles quinientos cincuenta kilos.

En mí está vivo el recuerdo de tu primera actuación en un rodeo oficial. Fue en Chépica, en collera con "Gracioso", unido a ti por lazos de sangre. ¡Fue una hazaña! Porque empatar y luego desempatar, la colosal collera, Ramón Cardemil-Ruperto Valderrama, en "Manicero" y "Matucho", era una verdadera hazaña.

Ese triunfo nos dio los "dos puntos" que habían de servirte de credencial, para que luego, por primera vez, pudieras competir en un Campeonato Nacional del Rodeo.

Convencido de tus aptitudes, te entregué, para que te "trabajara", a ese maestro de maestros que es Nene Cortez. Su juicio no se hizo esperar. Al poco tiempo me decía:

- ¿Sabe, don Eduardo? Este manquito tiene dentro una pasta especial. La pasta de los grandes campeones.

Y vino la etapa de tus éxitos. La gran técnica de tu maestro se apreciaba hasta en los menores detalles. Eras adulto y del todo diferente: otra postura y magnífica boca.

Los amigos, que te vieron reaparecer en Rengo, en pareja con otro manco de calidad, como era "Corregido", te elogiaron unánimemente y quizás te recuerden hasta hoy día.

Y así, hasta ayer. Hasta el final de tu última temporada, no fuiste más que una admirable máquina de precisión. Durante la larga jornada de años que cumplimos juntos, te acolleré con más de trece compañeros. ¿Te acuerdas de "Corregido", "Altiva", "Yatagán"? Con ellos obtuvimos los mejores frutos éxitos y con ellos alcanzaste tu máximo lucimiento.

¡Qué de triunfos los tuyos! Hubiera sido necesario un libro especial para anotarlos. ¡Gran campeón de grandes rodeos, a lo largo y ancho del país!: Casablanca, Los Andes, Las Cabras, Rengo, Los Angeles, Rancagua, y, ¡cientos de lugares más!

Hay un decir campesino, sabio como todos ellos: "sufrido como caballo de pobre", que te viene como anillo al dedo. Nunca dijiste que no, ni menos te ibas a "echar para atrás", por más que las dolencias de tus manitos te hicieran hacer muchas veces el quite. Bajo ese malestar, e incluso con una intervención previa, corriste en Rancagua, brindándome la satisfacción inmensa de obtener un tercer puesto en el Campeonato Nacional, con el amigo Daniel Castro. ¿Te acuerda de él?..., ¡gran amigo!, ¿verdad?

Tus muchos méritos te hacen acreedor de un bien merecido descanso. Ha llegado la hora del reposo para el gran guerrero que fuiste. Eso sí, que puedes estar seguro que en todo momento te acompañará mi más sincero afecto.

Antes que nada, quisiera sincerarme contigo, y decirte sentimientos que mal haría en silenciar: créemelo, jamás he corrido un caballo con mejores reflejos que los tuyos, y creo que nunca llegaré a poseer uno más rápido ni con más corazón para pelear una atajada, por más imposible que esta pareciera.

No acostumbro a escribir; si hoy día intento hacerlo, es porque esta mañana me impactó verte correr y jugar con una hija de "Altiva", tu compañera de tantos rodeos.

Pensé: está como nunca o mejor que nunca; listo para correr o quizás cuánto tiempo más. Luego, tras un consejo familiar, tanto mis hijos como yo acordamos que tu futuro no merece ser otro que jugar, correr, descansar.

Por ello, y para que te sientas a tus anchas, te destinaremos ese potrerito junto al parque. Lo decorarás con tu estampa, yendo de un lado para otro, como una estatua viviente. Tú te mereces eso y mucho más por tus grandes condiciones y sobresalientes cualidades de campeón. Además, por tu condición de amigo incomparable en tantas luchas, triunfos y esperanzas.

Nunca más volverás a ser ensillado. No conocerás los sinsabores del riguroso invierno, ni te verás descuidado. Al contrario, procuraremos que luzcas como la víspera de tus grandes encuentros.

Creo que fue un acierto bautizarte con el nombre de "Antifaz", porque, bajo tu escasa alzada, tu menuda estampa, se escondía un caballo de condiciones tales, que para mí sólo pueden concretarse en un solo término: ¡colosal!

Los recuerdos, satisfacciones y servicios que me proporcionaras, son incontables. ¡Es mucho lo que te debo!

Por eso, hoy día cuando te alejas definitivamente de medialunas y campeonatos, siento el deber y la obligación de rendirte, públicamente, un cálido y sincero homenaje. Lo hago gustoso, porque reconozco que no tendría cómo pagar lo mucho que te debo.

¡Gracias, "Antifaz", mil gracias!

JUNIO DE 1977.

E.V.M.

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