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Alejandro Loaiza: el rodeo no lo olvidará

El lunes 2 de febrero se le brindó el último adiós a Alejandro Loaiza Mac-Leod en la Iglesia Sagrada Familia de Temuco. Corraleros de todas partes abarrotaron el templo para despedirse de este gran hombre del rodeo cuyas virtudes humanas como la humildad,

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Imprimir Guardar PDF Enviar Autor: fecha: Miércoles 4 de febrero de 2004

Por Guillermo R. Fioratti y Luis Alvarado

En Temuco despidieron a Alejandro Loaiza

Una multitud de amantes del deporte huaso y amigos corraleros venidos desde diferentes rincones del país asistieron antes de ayer (lunes) a la Iglesia Sagrada Familia de Temuco para despedir en una emotiva misa a Alejandro Loaiza Mac-Leod, quien falleciera repentinamente el pasado día domingo en el marco del rodeo de Los Lagos.

Restando cinco minutos para el comienzo de la homilía programada para las 8 de la tarde - la iglesia simplemente no daba a vasto para recibir a la multitud que llegó para rendirle póstumo homenaje y hacer efectivo los respetos y sentimientos de pesar tanto a la Sra. Nelly Mac-Leod y a sus hijos Mabel, Juan Carlos y Gustavo, y a Soledad Nievas (esposa de Alejandro) junto a sus hijos María José y Alejandro Ignacio.

Juan Carlos Loaiza manifestó a un matutino temuquense que todo el mundo recordará a su hermano (Aslejandro) como un gran deportista y una persona muy querida. ¨Alejandro eras un tipo amable, amigo de sus amigos y un gran jinete. Sentimos mucho su partida, pero él siempre estará en nuestros corazones¨.

Asimismo, agradeció a todos quienes los han acompañado en estos difíciles momentos en el que ha comprobado una vez más que la familia del rodeo es inmensa.Concluida la ceremonia los restos de Alejandro Loaiza fueron trasladados hasta Concepción.

Reseña

La historia de Alejandro Loaiza en las medialunas comenzó desde muy temprano. Cuando su padre Ernesto Loaiza (Q.E.P.D) dueño del criadero ¨El Tani¨, a los  tres años lo amarraba en la montura de los caballos para que no se cayera. A los once, ya estaba corriendo y sufriendo los primeros traumas que implica aquello de poder llevar un huacho a la quincha.

 A. Loaiza corriendo con E. Mendoza en 1993

¨Cuando corría en el campo, con mi papá, todo salía bien, no había inconvenientes y pensaba que tenía todos los argumentos como para competir oficialmente. A los once años fui a correr a Panguipulli con la ilusión de premiar y de seguir más arriba. Y es ahí donde uno comienza a vivir el rodeo verdaderamente. Porque yo comencé a vivir situaciones que no había vivido nunca. Nada de lo que hacía en el campo podía repetirlo en la medialuna¨, comenta Alejandro Loaiza.

 P. Aguirre, G. Vial V. y A. Loaiza en la premiación de la final de 1997

Tras sus primeras incursiones dentro de la medialuna el connotado corredor a los 12 años ya estaba corriendo su primer Champion de Chile ganando junto a su padre una serie con 32 puntos.

Estos fueron los primeros pasos que Alejandro daba al interior de una medialuna, pero este hombre continuaría creciendo. Con el correr del tiempo se fue a estudiar a Los Angeles, a la Escuela Agrícola, luego se fue  a Curacautín, después regreso a Temuco, donde terminó la enseñanza media, ingresó a la Universidad a estudiar Construcción Civil, posteriormente hizo un curso de inglés y estuvo en el Servicio Militar.

Pero ni los estudios, ni su uniforme militar fueron impedimento para continuar ligado a los caballos y a su deporte más preciado el rodeo. Luego habría un pequeño receso, pero se unió con Claudio Mallea con quien llegaría nuevamente al Champion de Chile.

Para Alejandro Loaiza el rodeo nunca fue un juego. ¨Desde niño lo tomé con una seriedad absoluta. Hasta cuando íbamos a la medialuna del campo a correr me ponía nervioso. Vaya a donde vaya. Me toca correr en un rodeo chico y corro igual como si estuviera en el Champion de Chile¨, relataba.

 A. Loaiza corriendo con C. Mondaca, terceros en 1990

Dentro de sus logros estuvo el ser Tercer Campeón de Chile el año 1990  junto a Carlos Mondaca en Dormilona y La Bamba, y el año 1997 junto a Pablo Aguirre obtienen el Vicecampeonato Nacional en Chupalla y Sosegá. Tuvo como compañeros a su hermano Juan Carlos, a don Ernesto (Q.E.P.D), Eugenio Mendoza, Gonzalo Vial, José Reyes, Carlos Mondaca, Pablo Aguirre, Manuel Yánez, Luis Dinamarca, Martín Contreras, Eduardo Cortés, Felipe Bunster, Oscar Lería, Pablo Barahona, Nelson Vega, entre muchos otros.Corrió entre muchos caballos el Lamentado, la barrosa Embusterable, la Chupalla, Dormilona, Ligosa, Papayero, Faro, Escaramuza, Escaso, Rudeza, Ignorante.

Hijo de Nelly Mac-Leod, hermano de Juan Carlos (seis veces Campeón de Chile) y Gustavo, dedicó toda su vida a correr en vaca. Estuvo afincado en innumerables zonas siempre al lado del Rodeo.

 Alejandro Loaiza entre sus hermanos Gustavo y Juan Carlos.

También fue socio fundador de la Asociación Santiago Oriente, donde en 2003 recibió el Premio ¨Mejor Deportista¨ gracias a sus consejos, recomendaciones, gratitud y una tremenda calidad humana. Siempre estaba dando ayuda a sus compañeros de corridas esperando solamente que sus consejos pudieran ayudar a quienes se lo pedían.

Su amor por el rodeo lo llevó a organizar una escuela de este deporte al cual tanto amo y a la que le dedicó tiempo y sus mejores energías. Sus clases las impartía en la medialuna de Lo Barnechea donde varios de sus alumnos asumieron con responsabilidad sus enseñanzas dejando un ejemplo de entrega, amistad y humildad que quedará por siempre en el corazón de sus aprendices.

 Alejandro Loaiza junto a P. Aguirre segundos en la final de 1997

Socio del Club Coltauco, Asociación O`Higgins y próximo a cumplir 50 años estaba casado con Soledad Nievas Valenzuela, con quien tiene dos hijos: María José (15) y Alejandro(14).

En esta temporada preparaba sus cabalgaduras para estar una vez más dentro de las lídes corraleras, pero el destino dijo otra cosa.

Para Patricio Urzúa, Presidente de la Asociación Cautín, Alejandro Loaiza fue un gran amigo. ¨Como corredor y jinete todos tenemos claro lo que fue él: un hombre reconocido y querido por todos. Humanamente Alejandro era una persona intachable llena de virtudes, con una humildad y entrega increíbles¨.

El mundo corralero ha perdido a un gran hombre y lo siente,  pero el recuerdo de Alejandro Loaiza Mac-Leod seguirá vivo en todas las medialunas y sobre todo en la memoria de todos los amigos que fue sembrando en esta larga corrida que es la vida.

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