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El Legado de los Pozo I

La familia Pozo se convirtió con los años en un referente obligado en la historia del Rodeo.

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Imprimir Guardar PDF Enviar Autor: fecha: Martes 17 de junio de 2003

Por Luis Iván Muñoz Rojas

Me alegré sinceramente cuando el Directorio de la Federación me solicitó este artículo, porque tenía muchas ganas de ver inscritos a los Pozos en esta Galería de Personajes. Para ello les sobran méritos: verdaderos baluartes de la crianza del caballo chileno; de la conservación de la raza y consagrados jinetes en el deporte del Rodeo.

La historia de esta destacada familia corralera se remonta al año 1840, cuando José Miguel Pozo Gaeta -proveniente de Cauquenes- se radica es Talca. De su matrimonio con Valentina Urzúa Vergara, nacen José Manuel, José Marcial y José Miguel.

En 1899, el hijo mayor de los Pozo Urzúa, abuelo de José Manuel Pozo Merino -Mañungo- compra el fundo La Aurora, que tenía diez cuadras de viñedos a las que agrega otras cincuenta. Hombre muy activo, estudia leyes, se convierte en diputado y se casa con la talquina María Eugenia Armas Riquelme, descendiente directa del prócer de la Patria, Bernardo O'Higgins Riquelme. Con ella tiene trece hijos, y desafortunadamente muere a los 47 años de edad.

Al fallecer el abuelo, cuenta Mañungo Pozo, se liquida la sociedad que tenía con sus hermanos para explotar La Aurora, para velar por su madre y hermanos.

Años más tarde, contrae matrimonio con su prima Carmen Merino Armas, con quien tiene siete hijos: José Manuel -Mañungo- nace el 16 de julio de 1927, el día de las Carmen, día de su madre, y estudia en el Colegio Blanco Encalada de Talca, hasta el quinto año de humanidades. El último curso lo realiza en el Colegio Luis Campino, de Santiago.

Durante esa época, su padre le transmite el cariño por los caballos, le enseña su cuidado y crianza, poniendo especial énfasis en la selección de los reproductores.

"Mi padre siempre tenía buenos caballos de montura", recuerda Mañungo: "Era tremendamente aficionado a ver rodeos, especialmente el Champion de Talca, al que siempre lo acompañábamos con mis hermanos".

 Donaire ataja en 'Florero' y Pozo arrea en 'Rastrojo', en 1965

Obligado a dedicar todo su tiempo a las labores de la agricultura, confiesa que limitaba su entusiasmo por el rodeo visitando periódicamente a su amigo Roberto Palacios Celis (Campeón de Chile, 1950), que tenía una medialuna en su campo de San Clemente, vecino a La Aurora. Y agrega: "Es don Jesús Regalado Bustamante, entonces empleado de don Roberto Palacios, quien me enseña muchas de las prácticas y cuidado que debemos tener con los caballos".

"Cuando éramos cabros con mis hermanos", continúa Mañungo, "cada uno tenía su propio caballo y tratábamos de arreglarlo. Así es que al terminar el colegio, mi papá, que conocía la gran afición que yo tenía por la agricultura, los caballos y el rodeo, me pidió que volviera a San Clemente para vivir y trabajar en La Aurora, y aprender de él las técnicas del manejo agrícola".

"Para que inicie mi propio criadero y lo arregle yo mismo, me regala el potro 'Zancudo', un hijo del 'Curanto' y la 'Objeción' que compra en el Criadero Aculeo".

"Mi padre era gran admirador de don Segundo Zúñiga, empleado de don Chindo Bustos, padre de Galo Bustos. Don Chindo tenía una sociedad de caballos con el talquino José Lledó, caballos corraleros que trabajaban y corrían don Segundo Zúñiga y don Manuel Cerna, por lo que eran colleras infaltables en los rodeos de Talca, a los que mi papá nos llevaba, más que para ver las corridas de vaca, para admirar como montaba, corría y espueleaba don Segundo Zúñiga; ese jinete es de clase, nos decía, aprendan de él".

Mañungo trabaja su potro 'Zancudo' y trata de aprovechar los consejos de dos Jesús Regalado Bustamante, don Mamerto Cepeda, don Carlos Costa, don Roberto Palacios y, por cierto, de don Fernando Hurtado. "A mi padre y a sus amigos les debo realmente lo que aprendí del caballo chileno", confirma.

Tratando de explicar esas enseñanzas, va trabajando su potro, pero antes de tenerlo preparado para competir en un rodeo, acepta una invitación de don Roberto Palacios y corre una pichanga en la Hacienda Mariposas, en caballos que éste le presta.

"Ahí me entusiasmé, en esa Hacienda que era del Servicio de Seguro Obrero y antiguamente había tenido entre sus reproductores al potro 'Cristal'. Se corría firme, su administrador era Carlos Costa, padre de 'Costita', muy aficionado a los caballos. El capataz era dos Eliseo Sepúlveda, buen arreglador que había corrido con don Natalio Roco, jinete muy prestigiado en Talca, y también estaba mi querido amigo, varias veces campeón de Chile de la Rienda, Raúl Rey Gamonal, muy alegre y oportuno para sus bromas, un gran huaso".        

Por esa época llega a Talca como inspector de la Caja Agraria, don Juan Rivas Vicuña, muy amigo de los Luco, de los Moller, de los Santos y de otros grandes corraleros de entonces. Juan Rivas entusiasma a Mañungo para correr en los rodeos oficiales, se consiguen el 'Poleo', caballos de un empleado de su tío Eduardo Pozo, y el 'Terciopelo', caballo que les presta don Feña Hurtado y participan con más entusiasmo que éxito en Talca, San Clemente, Linares y otras localidades cercanas. 

 "Mi padre cree que ha llegado el momento de tomar el tema más en serio y me invita a participar en un remate de caballos chilenos en Chimbarongo. En esa ocasión, compramos cuatro yeguas muy bonitas: la 'Rosa Flor', la 'Lamparita', la 'Castaña' y la 'Monita', y las mandaron a de arreo hasta La Aurora. Entusiasmado, mi padre me recomienda que vaya a ver unas yeguas de don Cupertino Cubillos, a su fundo Lo Velasco, de Pelarco. Ahí seleccioné dos: 'Abultada' y la 'Azuelada', ambas inscritas hijas del 'Mustafá".

"Me ensarté", explica Mañungo: "Las yeguas eran malas y no se arreglaron nunca, perdimos el tiempo y para colmo de males les puse mi potro 'Zancudo'. Les saque como diez crías, todas muy bonitas, pero tan malas o peores que sus madres... De pura rabia, al final, las liquidé en la feria".

"Esas yeguas", cuenta, "se las prestaba a Samuel Parot, cuando él era un cabrito recién egresado de la universidad, para que recorriera el fundo la Hormiga de la señora Elena Burgos, a quien atendía profesionalmente. Yo creo que si las yeguas no sirvieron, al menos le prestaron los servicios Samuel y lo pulieron como jinete".

Fuente: Anuario de Rodeo 2002.

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