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Historias de Campo: De velorios y casamientos

Historias de Campo: De velorios y casamientos
Revisa este artículo de Guillermo Trivelli publicado en el Anuario de 2001.

El Anuario de2001 de la Federación del Rodeo Chileno continuó con la serie "Historias de Campo" escrita por Guillermo Trivelli Tromben, esta vez con una nota titulada "De velorios y casamientos".

Revisa la transcripción del artículo:

De velorios y casamientos

Por Guillermo Trivelli T.

Las tradiciones del campo y la filosofía de su gente, se asoman en casi todas las actividades del diario vivir, pero es en los acontecimientos sociales cuando brotan con mayor fuerza por medio de refranes, anécdotas y dichos.

En esta oportunidad, quiero compartir con la juventud y los nuevos integrantes del Rodeo, algunos botones de muestra que hemos recopilado y que reflejan esta picardía campesina, dejando en claro que en ningún caso pretendo atribuirme su creación ni su propiedad. Tampoco es mi ánimo caer en la liviandad, ni menos resaltar un lenguaje vulgar. En todo caso, me tranquiliza comprobar que estas líneas difícilmente alcanzarán la altura de lo que a diario nos muestra la pantalla chica, pasadas las nueve de la noche.

Uno de los ritos sociales que ha perdido mucha tradición en el campo es el velorio. En tal ocasión los parientes y amigos van a la casa del difunto, con algunos aportes para ayudar a la familia en este doloroso momento, que consisten en leña, carbón, corderos, algo de aguardiente, vino y otras cosas para mermar el frío de la noche. El ataúd debe quedar bien asentado porque no faltará el deudo que se le vaya encima a medianoche, puesto que el equilibrio ya no será el mismo que al principio. Las provisiones permitirán que la gente aguante hasta el otro día, acompañando al finado y a sus deudos, y acumule el valor necesario para rezar tres o cuatro rosarios al hilo y llorar un poco de vez en cuando, porque si uno así lo siente, no veo por qué no se puede hacer.

Por el contrario, cuando el difunto es de familia pudiente o de ciudad, al momento de producirse el deceso, la urna se traslada a la Iglesia y los tres o cuatro rosarios se transforman en algunos Padre Nuestro y unas pocas Ave María. Nadie llora, y el ambiente es de silencio y resignación. La situación se convierte en un decir del campo que apunta a una fiesta apagada en que se hace todo lo posible para que "agarre vuelo" sin conseguirlo, con muy poco o nada que consumir y participantes sin ánimo. El refrán dice: "Esto está más fome que velorio de rico".

Es por todos conocido, desde tiempo inmemoriales, lo que implica el anuncio de una boda en el campo. De inmediato surgen muchos comentarios, dichos y refranes relacionados con las características físicas o situación económica de los contrayentes y sus respectivas familias, como éstos de colección:

Cuando la novia es de presencia distinguida, buenamoza y culta, atributos que no comparte en absoluto su futuro marido, reza el refrán: "Puede ser mucha jaula p'al loro".

Cuando la prédica del sacerdote en el matrimonio religioso llega bien a los feligreses, con mensajes impactantes sobre la nueva familia que se forma, el comentario es: "Buena cosa de cura encachado, cómo no poder sacarle unas crías".

En el caso de que el novio descienda de una familia acaudalada y se comprometa con una mujer de igual situación, el refrán sentencia: "La suerte es para quién es no más, la plata se va a la plata y los piojos a las tiras".

Aunque con menor intensidad que hace 20 años, todavía se juega a "El Monte" en el campo. Se emplea el naipe español y se apuesta fuerte en dinero. Por ello los jugadores están siempre alertas, con billetes escondidos, mal doblados y muy arrugados, listos para emprender la fuga ante el menor asomo policial.

Parecido ocurre en el centro de Santiago, si uno observa a los vendedores que se instalan en las calles.

Sirva este preámbulo para introducir la próxima situación.

Cuando a una mujer la suerte en el amor le ha sido esquiva y tarda muchos años en anunciar matrimonio, hasta que por fin le "vuela la chancha", no va a faltar quien comente, "menos mal que se casa la fulanita, porque: Se está viendo más arrugada que plata jugada al Monte".

Ocurre a veces que un par de familias –por antiguas rencillas- se oponen al noviazgo de dos de sus descendientes, y logran interrumpir el romance por algún tiempo. Sin embargo, cuando los protagonistas se reencuentran, surge la frase: "Mientras más recula la cabra, más fuerte es la topá".

En una oportunidad asistí a un matrimonio de campo en que la novia era muy joven y su esposo un hombre maduro, muy bien conservado, aunque de andar un poco lento, por un accidente a caballo en su juventud. La diferencia de edad fue el comentario general entre los asistentes a la boda, hasta que un familiar del novio puso la nota de humor y tranquilidad, comentando: "me la juego por el éxito de este matrimonio, ya que mi pariente tiene la vejez de la carreta: Las ruedas están malonas, pero el pértigo sanito".

Y eso sería todo por esta vez. Quedaron fuera un par de anécdotas que por su "picardía" no pasaron el cedazo editorial.

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