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Anuario de 1990: Casas Patronales II, el Patio de las Carretas

Autor: Caballoyrodeo.cl
Revisa este artículo escrito por Alberto Moreira R.

En el Anuario de 1990 de la Federación del Rodeo Chileno, Alberto Moreira continuó con la serie iniciada el año anterior sobre las Casas Patronales con el capítulo dedicado a "El Patio de las Carretas".

Revisa la transcripción de la nota:

Casas Patronales II

El Patio de las Carretas

Por Alberto Moreira R.

Arqto. Prof. U. de Chile

De la mayor importancia dentro del conjunto, era el de las carretas. Aún recuerdo en el fundo San Juan de Chanqueahue como al amanecer éramos despertados, hermanos, primos y parientes, todos niños todavía, por los gritos e interjecciones de los carreteros tratando de enyugar las yuntas de bueyes.

Así se oía:

"Negro-Infiel"

"Niño-Hermoso"

"Pica Pica-La Breva"

Nombres que al gritarlos, formaban frases ingeniosas o sentimentales.

Naturalmente que pronto estábamos con ellos, con la curiosidad propia de esa edad maravillosa. Y observábamos como, sin gran esfuerzo, se unían estas parejas de mansos animales.

Se sabía que un buey era "el parador" y el otro de la "vuelta", según donde se colocará al lado izquierdo o derecho. La forma que era apretada la "coyunda" y la manera en que eran revisadas la pertiguera y la picana.

Pedían "la cuarta", que era la cadena que usarían, en caso de ser necesaria una yunta extra; para poder subir las cuestas que aparecían en el camino, que nos llevarían a los potreros donde se realizaba la cosecha del trigo, o trilla.

Siempre despertaba nuestra admiración las 3 ó 4 hermosas yuntas formadas por bueyes grandes y gordos que casi nunca eran empleados; nos respondían que esos eran los "bueyes del motor".

Eran animales que pesaban entre 900 y 1.100 Kgs. que nosotros motejábamos de flojos porque no se veían trabajar al igual que los demás. Pero el día que finalizaba la trilla, aparecía toda su importancia y como personajes que se sabían indispensables; "el jardín" y "el florido", hermosos ejemplares claveles alemanes, "el charol" y "el tordo" "el cacique" y "el araucano", comenzaban a moverse de manera parsimoniosa no exenta de majestuosidad, con las pesadas cuartas pendientes de los yugos. Entendíamos que el gran locomóvil de vapor sería trasladado a otro potrero o algún fundo vecino.

Eran estas tres estupendas yuntas las encargadas de subir las cuestas  al comenzar el descenso, eran unidas a la parte de atrás del locomóvil para servir de freno.

Al caer la tarde con "el sol dentro" comenzaban a llegar. En esos años se trabajaba de "sol a sol". Las carretas eran colocadas bajo techo, en el gran corredor que rodeaba este patio.

Allí, un lugar destacado tenía el taller donde se fabricaban las ruedas de las carretas. Qué maravilla era observar a esos "artistas" que eran capaces de armar y hacer estas ruedas especialmente las de las carretas pasteras de 1.50 a 1.70 m. de diámetro; la maestría de ño Carmelo Fuentes que en un torno hechizo y manual confeccionaba las masas de las ruedas, de durísima madera de acacio.

No menos espectacular era el maestro herrero don Rosendo Espinoza, al soldar a golpe de "macho" las llantas de fierro, el que en forma magistral, con un pequeño martillo mecánico, iba indicando el lugar donde sus ayudantes 2 ó 3 mocetones debían golpear para así soldarlas; ya que en esos años no existían las soldaduras autógenas o eléctricas, estos fierros, que nuevamente calentados eran vueltos a colocar en las ruedas de madera, luego serían mojados con agua helada provocando de este modo, una violenta contracción que mantendría firmemente unidos todos los elementos que forman la rueda de esta magnífica carreta.

Varias montas más son las secciones, si es que así podemos llamar, que conformaban esta importante parte de la gran casa patronal.

Este patio, que medía entre 30 x 40 mts. estaba rodeado de una especie de corredor, donde eran colocadas las carretas, al reparo del sol en verano y al resguardo de la lluvia en invierno.

Casi todos los que conocí, estaban pavimentados con grandes piedras de río, para evitar el el barro y así facilitar su traslado a otras secciones o patios de este conjunto; de los cuales pocos ejemplos van quedando en buenas condiciones.

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