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Anuario de 1986: Don Feña, el Primer Presidente

Autor: Caballoyrodeo.cl
Revisa este artículo dedicado a Fernando Hurtado Echenique.

A propósito de los 25 años de la Federación del Rodeo Chileno, el Anuario de 1986 publicó un artículo dedicado a su primer presidente, Fernando Hurtado Echenique.

Revisa la transcripción de la nota:

Don Feña.

Se le conoció simplemente así. Don Feña. Y se grabó a fuego en el recuerdo de todos los corraleros de muchas generaciones. Don Fernando Hurtado Echenique, uno de los fundadores, el primer Presidente y Presidente Honorario de la Federación.

Su visión para formar la Federación en el momento oportuno y su capacidad de aglutinar voluntades en torno a una causa, lo llevaron a adquirir una dimensión extraordinario en cuanto campo abordó. Un auténtico "pater familia" de esos que se extinguieron hace ya tiempo, amigo de sus amigos, hombre ejemplar, recto y leal.

Agricultor hasta la médula de sus huesos, criador de primer orden ("Los Maquis" en La Esperanza) defensor e impulsor de los valores del rodeo, don Feña no vaciló en ponerse a la cabeza de cualquier campaña adornada por la justicia y la equidad.

Alcalde de San Clemente, presidente del más importante partido político de la época y que reunía sin distingos ni disimulos a la gente del agro y Diputado de la República, don Feña es un símbolo que perdurará en la vida nacional y en nuestro deporte hasta que el mandato superior de la voluntad divina ponga fin al Universo.

El recuerdo de don Feña, por lo que hizo y entregó, es imperecedero y de ahí que en su persona y en su memoria queremos simbolizar nuestra permanente y perenne gratitud hacia nuestros fundadores.

Y nada mejor que volver atrás en el calendario y recrearnos en la pluma versátil y amena de otro de los fundadores: Raúl Pavez Romero, cuya también inolvidable identidad se escondía bajo el pseudónimo de "Juvenal".

A raíz de sus últimas presencias en un Campeonato Nacional, este "Juvenal" agradecido de Don Feña al igual que nosotros escribía de él lo siguiente:

¿Cuántos años van que conozco a "DON FEÑA"? ¡Cuántos! Sin embargo, lo veo siempre igual. Con señorial grandeza que se renueva. Con esa eterna sonrisa en afecto. Con esa mansedumbre espiritual que sobrecoge hoy con la misma fuerza que ayer, aunque ese ayer y ese hoy estén divididos por voluntad divina. Aunque el centauro tuviere que dejar su silla huasa en el cuarto de aperos y sustituirla por esa otra que es expresión de quebranto físico.

Era el día, el gran día. Comenzaba aclarar.

Y una vez más la voluntad del viejo arriero de ideales se sobrepuso a la traidora dolencia que lo hirió a mansalva hace ya algún tiempo, que siendo inmensa, no ha tenido la fuerza suficiente para quebrantar en la mínima parte la entereza de su espíritu ejemplar. Se sintió fuerte. El alma corralera le vibró con el total de sus potencias. Y soñó. Y vivió ese sueño. Puro cabestro a su noble potro mulato y tiernamente comenzó a ensillarlo. "Candidato", inteligente como buen descendiente de "Africano" captó de inmediato que "Taita Feña" estaba dichoso, tan feliz como cuando lo montaba para internarse por las lomas suaves y exuberantes de "La Esperanza", para rumbear a esa medialuna de embrujo ubicada entre quebradas y esteros donde pidenes, taguas, bandurrias, zorzales, loicas, chercanes y picaflores entonan eternamente tonadas de la tierra o animan fabulosas cuecas de pata en quincha.

Con "Candidato" encabezó la inolvidable legión huasa que deslumbró a su paso por las principales arterias de Buenos Aires. Con "Candidato", acortando caminos, buscando atajos, "DON FEÑA" llega ahora a la medialuna de Rancagua para disfrutar del Champion de Chile. Llegó como siempre lo hizo, el primero. Incluso antes que el capataz Mario Molina, hubiere cebado el piño. Llegó como siempre lo hizo con su ánimo estimulante. Con la palabra generosa y la observación certera. Con el alma transparentada a través de sus ojos. Con el corazón desbordante de cariño. Ansioso de abrazar a cada amigo. Anhelante de corrida. Anhelante de de mirar y analizar uno por uno todos los mancos corraleros.

¿Cómo no decir que "DON FEÑA" es una admirable concepción ante la vida?

-¿Acaso les extraña que haya venido? –dijo. Es cierto que no puede estar en la aradura, el rastreo, la siembra o los riegos de la Temporada Oficial, pero no podía estar ausente de la gran fiesta de la cosecha. ¿Acaso no es ésta la cosecha de la temporada? ¿Acaso no es ésta la trilla en que se desprenden de las espigas los puntos buenos acumulados por la superación y la amistad? ¿Acaso no es importante hacer un balance para juzgar si nuestra raza caballar se mantiene, asciende o baja en calidad? El Campeonato Nacional va más allá, muchísimo más allá, que aplaudir fantásticas atajadas o proclamar campeones. Es un examen a la esencia del rodeo. Esa esencia vital que me enseñó que el rodeo es parte importante del alma de nuestros campos; que me enseñó que es una maravillosa escuela para triunfar o perder manteniendo siempre erguida la cabeza, siempre noble y grande el espíritu, que hace a los hombres más integralmente hombres cuando saben mantenerse firmes en los estribos cuando la vida los hace llegar  -por una razón u otra- hasta el fondo del piño. Por eso digo ahora lo que siempre sostuve: El Campeonato Nacional es una cosecha de los incontables valores morales que traman el chamanto de nuestro deporte.

He aquí la gran figura. El símbolo de los símbolos. He aquí a DON FERNANDO HURTADO ECHENIQUE. He aquí una vida entregada al servicio grande, limpio, prístino, del más criollo de los deportes y el caballo chileno. He aquí al soberbio capataz, al arriero incansable que jamás se dio reposo en su afán de rodear voluntades. Al capataz y el arriero que cabalgó de cordillera al mar, de Arica a Magallanes, para lograr formar lo que es hoy una de las federaciones deportivas más formidables del país.

¿Cómo no decir que DON FEÑA es una admirable actitud ante la vida? ¡Caray con este tipo de hombres que parecen escapados de un cuento! Imitarlos es tarea casi imposible, pero intentarlo es saludable, obliga al máximo de las mejores y más puras superaciones.

Sabe ser el Gran Señor sin hacer sentir jamás la superioridad. Ecuánime, siempre ecuánime. ¡Qué grande y reconfortante es que en la vida de un deporte aparezcan figuras de esta estura moral! Viéndolo aplaudir, sonreír permanentemente, comentar cada corrida, disfrutar hasta del menor detalle, no cabía más que decirse: ¡quiera Dios entregar el rodeo muchos hombres de la envergadura de DON FEÑA, con su tremendo fervor, con su serenidad de juicio  su entrega absoluta al ideal!

Sí don Feña: Puede estar seguro que jamás olvidaremos su clase magistral. Puede estar seguro que todos los corraleros de Chile llevan apegualados sus ejemplos en mentes y corazones.

JUVENAL

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