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Un chamanto de amistad

Autor: Caballoyrodeo.cl
Revisa esta emotiva historia escrita en una carta de la familia Allendes a la familia Ferrada.

Por Cristian Allendes Munita

En Melipilla del siglo pasado tiene comienzo esta historia que une a dos familias, una de San Manuel y otra de la zona de Codigua en una gran y verdadera amistad, dos familias de muy antigua tradición de la zona representadas por don Luis Valentín Ferrada “don Vale” y don Pedro Marín “el Tata Pito”.

Siendo don Luis Valentín muy joven en aquel entonces con respecto a mi bisabuelo don Pedro Marín, ambos lograron tener una gran amistad, amistad que se traduce en el tiempo en largas tertulias y una constante de tardes enteras de buena conversación, así van pasando los años y las nuevas generaciones, por varias razones, toman distintos rumbos, pero ese gran vinculo más allá de perderse se detiene en el tiempo como esperando el renacer  mágico, retomando esa antigua amistad en las futuras generaciones, mi generación, representada por su bisnieto de San Manuel y Benjamín Ferrada  hijo de don “Vale”, de Codigua, ambas familias apegadas a la generosa tierra de sus antepasados y custodios de los mismos parajes, tradiciones y costumbres de los que estuvieron primero.

La familia de don “Vale” en esos años ya contaba con tradición corralera además de un gran criadero de caballos chilenos, criadero De Valenzuela, nosotros por otro lado,  íbamos veranos enteros al campo que fuera de mi bisabuelo en San Manuel, donde tuvimos la oportunidad de dar inicio a nuestros primeros intentos corraleros, sin mucho conocimiento práctico, pero con una memoria guardada por nuestras tradiciones y apego en todo lo que era el sabor de nuestros campos, que crecía junto a nosotros como familia, y siempre al lado mi padre quien poco a poco con esfuerzo y tenacidad, hemos formado nuestra propia identidad corralera.

Volviendo a lo central de esta historia, pasaron los años y las nuevas generaciones de ambas familias no se conocían, ya que ellos y nosotros de niños corríamos en distintas asociaciones de rodeo, además había cierta diferencia de edad  y posiblemente por eso no coincidimos en fiestas ni eventos, pero el destino seguía escribiendo lentamente página a página lo que estaba destinado, ya que con Benja coincidimos en la universidad y nuevamente surge como en el pasado una gran amistad reviviendo el estrecho vínculo que hubo con mi bisabuelo Pedro.

Con el tiempo esta amistad sigue creciendo entre fiestas, asados y así en una pichanga por allá por el año 2007 en la casa de los Ferrada en Codigua, pude compartir más con Benja, con el gran Kuki y con don Luis Valentín, y para mí fue una de las experiencias más notables al darme cuenta por medio de las palabras de Don Vale lo que realmente era el rodeo, las tradiciones y costumbres de nuestros campos gracias a sus palabras y gran relato, con todo el privilegio que significa escuchar de primera mano y tiempo presente a una de las personas más entendidas sobre estos temas de Chilenidad e historia, sentir con que pasión hablaba de sus caballos y todo lo anterior despertó en mi cada día más el interés por el conocimiento de lo antiguo y sus familias, un sentimiento de defensa por lo propio en Chilenidad.

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Pero el tiempo diría otra cosa, cosa escrita diría yo, en un clasificatorio allá en “Nos”, hace unos años, sentados en una mesa entre amigos junto a Benjamín Ferrada, le dije, sabes Benja siento que nos falta alguna raíz, un origen, al igual que ustedes con un pasado acampado, algo de tradición huasa, sobre lo mismo el me responde con algo que era justo esa respuesta que buscaba, un génesis huaso,… Cumpa responde Benja, en mi casa de Codigua está el CHAMANTO que era de tu bisabuelo Pedro,… pero Benja, respondo yo, pero como no me lo habías dicho antes (todo esto acompañado de los garabatos de rigor para tal ocasión). Ahí estaba la respuesta que andaba buscando en silencio, la respuesta de Benjamín fue sincera al decirme que esperaba este momento con la madures de la amistad para contarme de su existencia, había una voz interior que me decía que había algo de nuestra familia, el rodeo clasificatorio siguió su curso, pero la conversación sobre el chamanto no desaparecía de mi pensamiento.

Así, todos los años conversábamos la posibilidad de algún día ver y sentir en mis manos el Chamanto de mi antepasado, cada vez era una buena conversa, pero todo quedaba en nada.

En Julio del año 2020, llamé a Benja Ferrada y le digo, compadre, es en serio!, necesito un sentido favor, tu ayuda para que hagamos algo con el Chamanto, mi taita cumple 60 años en Agosto, y necesito hablar con tu papá, para que al menos me preste el chamanto un par de días y poder mostrárselo en el día de su cumpleaños, porque mi papa no sabe que existe ese chamanto y sería muy bonito que lo pudiera ver, como buen abogado que es Benja, su respuesta fue, oiga no le aseguro nada, pero, voy hacer las gestiones correspondientes para arreglarle una reunión con mi padre.

A los dos días, Benjamín me llama y dice, compadre, don “Vale” lo espera el jueves de la próxima semana en Yerbas Buenas, hora de almuerzo para conversar al respecto, yo entre contento y nervioso me respondía que en el peor de los casos al menos don “Vale” me contaría la historia del Chamanto. Entre tantas ideas y tenor de la ocasión yo quedaba feliz con que me lo prestara, pero igual le quería ofrecer a don “Vale” una yegua o algo así importante a cambio del Chamanto, ya que Benja me había advertido en demasía que por ningún motivo podía haber dineros en este asunto.

Como olvidar ese 9 de Julio del año 2020, había llovido mucho en esos días, estaba llegando al campo de don Vale alrededor de la una de la tarde, y recordé que la última vez que había estado ahí, fue para el matrimonio de mi amigo Benjamín, (Por Dios en pasarlo bien en aquel evento). Don Luis Valentín, llegó como a las dos de la tarde, almorzamos con él y dos de sus nietos, buen almuerzo y buena conversa como de costumbre, ya en la sobremesa don Vale se dirige a mí, diciendo que tenía que enviar una encomienda a Santiago, y les pide a sus dos nietos, (muy re acampados), que mientras tanto me fueran a mostrar los caballos.

En eso, después de un buen rato aparece don “Vale” y me dice que lo acompañe a la biblioteca, de camino aprovechó la ocasión, recorrimos la casa y me mostró valoradas reliquias que la adornan, yo estaba muy nervioso, ya era tarde y no se hablaba nada sobre el Chamanto. Había memorizado algunas palabras para la oportunidad, pero, apenas entramos en su biblioteca, don Vale me entrega una carta, no me olvido, eran cuatro páginas y me dice “léala Cristiancito”, ahí recién me di cuenta que  tal encomienda era “la carta”, mientras yo estaba afuera con sus nietos, él la estaba escribiendo, aparentemente necesitaba estar solo en la intimidad de las emociones contenidas en esa carta… que contaré a grandes rasgos recordando en  ese momento que mientras iba leyendo yo tiritaba a medida que  avanzaba en la lectura, había tal sentimiento en cada palabra y era tan personal en lo familiar y amistad que su contenido lo dejo para el círculo familiar.

En sí, puedo decir que en parte el contenido decía que mi bisabuelo Pedro Marín le había regalado a don “Vale” el Chamanto, porque además de ser grandes amigos era él quien más valoraría y disfrutaría este preciado tesoro, para mi mayor sorpresa tenía más historia aún, antes era de mi tatarabuelo paterno, cosa que sumó una emoción más, por lo tanto, este Chamanto al menos tiene cien años. En otro aspecto de la carta, se mencionan muy lindas palabras sobre las tradiciones y nuestros campos, habla del cuasimodo, de lo importante que es el fomentar y preservar nuestras costumbres para las futuras generaciones. Mientras avanzaba la carta estaba más claro el gesto que hacía don Luis Valentín, lo generoso y gran caballero que estaba siendo conmigo y mi familia, me regalaba el Chamanto, que él lo entregara así desinteresadamente después de tantos años, sinceramente no lo esperaba, yo no alcance a decir nada ni ofrecer algo, él se adelantó, tenía todo pensado, conversado y arreglado con sus hijos, fue algo impresionante, eso que no solo queda grabado en la mente sino en el corazón también.

Don Vale al final de la carta escribió algunas exigencias acerca de cuidar y vivir las tradiciones , tareas estrictas a cumplir para hacer honor y quedarme con el Chamanto, cuando llegó el momento de ver el Chamanto y la valentía de don Vale al entregarlo, ese que era su Chamanto regalón, aquel que vestía en las galas, aquel con que aparece en revistas y yo había visto, pero no sabía que era el del Tata Pito, aquel que le fue entregado por amistad también compromete en honor a esta nueva generación a cumplir con el mandato que lleva grabado en la trama de cada uno sus hilos.

Después de sostener el chamanto, Don “Vale” en un acto muy sentido y solemne lo viste por última vez, luego con la ceremonia de una investidura, engalano sobre mis hombros el Chamanto y un verdadero abrazo de mis antepasados, abrazo que se reiteró entre don Vale y yo junto al agradecimiento por la nobleza del gesto, a nombre de mi familia, mis abuelos y en lo propio.

Así fue la historia y no me queda más que agradecer eternamente a Don Luis Valentín, felicitarlo por sus hijos acampados y felicitarlo porque no solo vibra y habla de las tradiciones, sino que da el ejemplo de lo que es vivirlas.

Un abrazo.

Cristian Allendes Munita

PD: Agradecimientos a Don Hernán Garib, que le dio más forma y poesía al escrito que yo tenía preparado para Don Vale.

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