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Felipe López analizó los 69 años del Club Gil Letelier: "Tenemos muchos proyectos a futuro"

Autor: Miguel Angel Moya
Presidente de la institución tradicional capitalina se refirió a las casi siete décadas de existencia que se cumplieron recientemente.

El domingo pasado (14 de marzo), el Club de Huasos y Rodeo Gil Letelier celebró 69 años de edad. Ya convertida en una institución prestigiada tanto a nivel nacional como internacional, esta vez debió celebrar de manera especial debido a la pandemia que afecta a nuestro país y al mundo.  Y de esta celebración habló con Caballoyrodeo.cl el presidente del Club capitalino, Felipe López Angel.

"Fue un aniversario bastante especial, bastante extraño si lo podemos llamar así por el tema de la contingencia, el tema de la pandemia. Entonces, nos vimos obligados a suspender todas las actividades que teníamos programadas de celebración. Comúnmente lo hacemos en nuestro predio, en nuestro casino, compartiendo con todos nuestros socios, con la familia. Ahora, dadas las restricciones, tuvimos que hacer algo distinto. Pero tampoco queríamos dejar pasar nuestro aniversario por alto. Así que ahí inventamos algunas cosas, lo que permite la tecnología; algunos saludos vía teléfono y muchos videos que nos llegaron de distintas instituciones, que son apegadas al Club", señaló.

"La verdad que recibimos muchos saludos a través de videoconferencias e hicimos un resumen para mostrarles a nuestros socios todos los saludos que nos llegaron desde afuera. De manera que dentro de lo que se podía hacer y por los comentarios que hemos recibido como Directorio, todo salió bastante bonito. Acá debo agradecer la ayuda y el buen trabajo realizado por Héctor Rodríguez, nuestro secretario y Rodolfo Morales, ex presidente.  Así que quedamos con una sensación de alegría, pero a la vez, con sentimientos encontrados. Por una parte, con una sensación de alegría porque el Club cumpla 69 años de vida. Y, por otro lado, con una sensación de tristeza de no poder celebrar y compartir con todos los socios, como lo hacemos de manera habitual", enfatizó.

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Al señalarle que no todos los clubes de este tipo tienen la posibilidad de cumplir y celebrar tantos años de existencia y que tengan tanta presencia en el concierto nacional y también internacional, manifestó: "Es un orgullo estar en una institución y ahora en este caso dirigir una institución con tantos años de vida, con tanta tradición, conocida a nivel nacional e internacional. Así que es un orgullo pertenecer a este Club y ahora dirigirlo es doble emoción para mí".

"Y tal como les dije ese día domingo a todos nuestros socios en el saludo, sabemos que actualmente estamos viviendo tiempos difíciles. Vamos a tener que caminar por caminos complicados, pero como buenos huasos que somos, vamos a apretar un poco la montura nomás, vamos a mantener las manos firmes en las riendas para poder sacar adelante esta hermosa institución y para que estos 69 años sean sólo una parte de la gran vida que le queda por delante a este Club Gil Letelier", añadió.

Respecto a planes futuros, teniendo en cuenta las dificultades generadas por la pandemia, expuso: "Tenemos muchos proyectos a futuro; seguir desarrollando cada una de las actividades que hacemos; seguir potenciando cada una de las Ramas que nosotros tenemos. Nuestra Rama Folclórica, nuestra Rama Femenina, nuestra Escuadra Ecuestre. O sea, tenemos varios planes en adelante, pero que se han visto un poco truncados y así como se ve el escenario, yo creo que vamos a estar bastantes meses sin poder realizar actividades. Pero sí tenemos varios proyectos en carpeta".

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El brindis vía digital del presidente del club.

Cómo nace el Club Gil Letelier

Revisando  el historial del Club, presente en su página oficial (www.clubgilletelier.cl) encontramos que debido a la invitación que el Presidente de Chile, don Carlos Ibáñez del Campo, le hiciera a su amigo el Presidente de Argentina, don Juan Domingo Perón, fue su deseo darle una bienvenida criolla con un grupo de huasos, un esquinazo y un cacho de chicha.  Logró juntar un grupo de huasos amigos de la  zona de Talca y Linares y dieron el saludo al ilustre visitante.

Pasaron algunos años y varios de aquellos amigos que se habían dispersado profesionalmente por Santiago, volvieron a encontrarse luego de mucho tiempo sin verse. Después siguieron compartiendo reiteradas reuniones, en las que compartían sus memorias de otrora.

De estos encuentros nació la idea de fundar un club de huasos en la capital, hasta que finalmente el 14 de Marzo de 1952 la iniciativa se concretó formalmente.

Los primeros registros indican que fueron 39 los socios fundadores encargados de aprobar en esa misma fecha el primer Reglamento. Más tarde, en 1954, se obtuvo la personalidad jurídica en razón del Decreto firmado en 1952 por el propio Presidente Ibáñez.

La Institución ha tenido varias denominaciones desde que se fundara en 1952. Inicialmente se llamó "Club de Huasos de Chile", sin embargo, a poco andar, cuando ya se formaban los primeros clubes en comunas y provincias, pasó a llamarse "Club de Huasos Gil Letelier de Santiago". Posteriormente, en noviembre de 1971, el nombre experimentó un nuevo cambio quedando como "Club del Rodeo Chileno Gil Letelier". Finalmente, años más tarde, la Institución adopta su denominación definitiva que es” Corporación Club del Rodeo Chileno Gil Letelier" o, indistintamente, "Corporación del Rodeo Chileno, Pruebas Ecuestres y Cultura Criolla Chilena Gil Letelier".

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Independientemente de las modificaciones realizadas, siempre prevaleció el nombre de Gil Letelier en su identificación. Ello, debido a la admiración que despierta en el Club este gran huaso, Gil Letelier Velasco, y al deseo de perpetuar su señera figura en una Institución que le rinde homenaje y lo liga por siempre a nuestro caballo, al rodeo chileno y a las tradiciones criollas.

Hoy día el Club Gil Letelier es una Institución vigorosa y reconocida en todo el país, conformada por cerca de 70 socios que buscan y desarrollan según sus particulares aptitudes o intereses las formas de expresar su criollismo y cariño por las tradiciones chilenas, ya sea por la vía del folclore, el rodeo o la crianza.

La potencialización de las relaciones públicas experimentada en los últimos años y el accionar de sus Ramas y socios ha permitido que el Club se vaya insertando, cada vez con mayor fuerza, en la sociedad y en el entorno que le es propio.

¿Quién era Gil Letelier Velasco?

De acuerdo al aporte histórico presente en la página oficial del Club, el 1 de septiembre de 1895, precisamente cuando se celebraba el día de San Gil, en el matrimonio de Ricardo Letelier Silva y doña Margarita Velasco Urzúa nació el primero de sus hijos, al que llamaron Gil.

Su padre, importante abogado del foro chileno, y además un activo político, tres veces Diputado, fue gran impulsor de la Ley de Matrimonio Civil. El matrimonio Letelier Velasco procuró para su hijo Gil la mejor educación para ese entonces, y lo matricula en el Instituto Nacional desde donde pasa a estudiar Leyes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

La vida en el fundo San Joaquín

En el fundo San Joaquín, de propiedad de su padre, situado al oriente de Rancagua, en la ribera norte del río Cachapoal, pasó los momentos más importantes y de mejor recuerdo de su vida, según lo contaba Gil Letelier a familiares y amigos.

Ahí llegó para instalarse definitivamente, cuando después de haber cursado algunos años de Derecho, decidió que su verdadera vida estaba en el campo, y aún cuando era un ferviente admirador de su padre, exitoso abogado y político, la fuerza de la tierra, de sus animales y en especial de los caballos criollos, pudo más y tomó la que, según decía, fue la decisión más inteligente de su vida.

Casado con doña Olga Pardo Arancibia, tuvo tres hijos; Ricardo, Olga y Max, el primero de ellos sin lugar a dudas el más acampado. Gran corralero, es el continuador de la obra de su padre, sin que ello signifique en caso alguno desmerecer la enorme afición a los caballos de Olga, y la de Max, quien como médico psiquiatra se aleja al trasladarse a vivir a Santiago, desarrollando actividades propias de su profesión.

En San Joaquín se crían los hijos de Gil Letelier y los primeros años de estudio y formación de los niños estuvieron a cargo de miss Priscila, educadora que según los cánones de la época se hacían cargo de la rigurosa formación de los menores, toda vez que a comienzos del siglo las distancias aún dificultaban el traslado a los colegios de quienes vivían en campos alejados de los centros urbanos.

Algunos años más tarde, la insistencia de su amigo Manuel Rey, agricultor, corralero, fundador de una dinastía en el rodeo, abuelo del eximio jinete y arreglador Gustavo "Tavín" Rey, hizo cambiar tal sistema de educación, entusiasmando a Gil Letelier a matricular a su hijo Ricardo en el Colegio de los Hermanos Maristas de Rancagua.

Lamentable fallecimiento

En su corta vida, Gil Letelier llegó a ser querido y respetado por los más importantes y connotados agricultores del país, por sus grandes condiciones humanas, deportivas, y extraordinaria habilidad y destreza en el manejo del caballo. Desgraciadamente su fecunda trayectoria es corta, ya que fallece aún muy joven, a los 38 años de edad, el día 15 de agosto de 1933, al regresar de Rancagua en el auto conducido por su cuñado Guillermo Pérez de Arce, quien años más tarde llegaría ser Presidente del Senado de la República. Esa noche, en una curva del camino nuevo construido junto al deslinde del fundo El Cardal, sufre un volcamiento, cayendo el auto en un canal, donde Gil Letelier muere ahogado al quedar atrapado con su manta de castilla.

Cuentan que don Chuma Celis siempre lamentaba que el administrador del Fundo El Cardal al percatarse del volcamiento, en vez de socorrerlos de inmediato, corrió al vecino fundo a buscar a Don Chuma, quien tomó su caballo y desesperado corrió a salvar a su querido patrón pero, ya en el agua, se percató que estaba muerto. Sin duda equivocado, él culpaba al administrador del Cardal por la demora en el socorro, pero el cariño por su patrón era tan grande que jamás en su vida dejó de lamentar su partida.

Gran jinete y criador

Este joven y buen jinete se vanagloriada, y dicen los entendidos de la época que, con justa razón, de tener entre sus piaras los caballos más arreglados de boca de su tiempo. En broma, y en el entusiasmo del rodeo, se sacaba las botas y corría un toro en presencia de sus amigos, a quienes al terminar su corrida les pedía que revisaran sus pantalones a ver si encontraban un pelo de novillo en ellos, demostrando así que con un buen caballo arreglado no se requería de protecciones.

Como reconocimiento a su calidad, en el Tomo Primero del Stud Book del caballo criollo, se destaca a este pequeño pero gran jinete en una foto montando en su yegua Yusera.

Sus mejores caballos fueron arreglados por Tomás Celis -Don Chuma-, Egidio Urbina, Belisario Ramírez, Pepe Zabala y Bernabé Ruiz. Ellos, bajo la estricta y cuidadosa vigilancia de su patrón Gil Letelier, formaron una verdadera escuela, introduciendo una nueva técnica en el trabajo más acabado de los caballos que participan en las competencias, tanto de rodeo como de tiraduras de riendas.

En aquella época no sólo los arregladores de planta, que en su oportunidad pudiera tener Gil Letelier en el Fundo San Joaquín, eran sus proveedores de caballos con amigos como don Tobías Labbé, don Pancho Encina, don Sergio Marambio, don Nacho Goycolea, y otros, los cuales entregaban a arregladores que vivían en sus pequeñas hijuelas, principalmente en la zona de hospital.

Entre ellos, a quien Gil Letelier tenía mayor consideración y respeto era a Nicolás Contreras, viejo arreglador, tío de doña Elcira Contreras, cónyuge de don Chuma Celis, quien hacía largos viajes partiendo desde su pequeña hijuela ubicada en un rincón cordillerano cercano a La Leonera. Lo hacía con un grupo de caballos, los que en su trayecto iba arreglando y que además le servían como piaras en este recorrido que iniciado desde su rústico campito, pasaba por Alto Jahuel, cargando harina para el viaje y seguía a Malloco donde le hacían los frenos precisos a cada caballo.

Siguiendo viaje a las Salinas en El Convento, cerca de Pichilemu, compraba la sal y seguía viaje a San Vicente de Tagua-Tagua donde se hacían los mejores zapatos de la época. En su trayecto como conocido y respetado arreglador que era, pasaba algunos períodos en los fundos de la zona y se recuerda que uno de los últimos que visitaba era el campo de don Colacho Larraín, gran amigo de Gil Letelier, quien se apuraba en avisar a su amigo recomendándole los mejores caballos, que Gil más tarde probaba y adquiría para sus competencias.

De manera que este era Gil Letelier Velasco, cuyo nombre quedó perpetuado a través de este Club que lleva su nombre y que el 14 de marzo de 2021 cumplió 69 años de fecunda existencia.

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