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La pasión heredada de los Quiroz: El Criadero Blanca Amelia

Autor: Héctor Uribe Delgado
Héctor Quiroz representó a la Asociación Casablanca en el Anuario de los Criadores de 2018.

- Reportaje recopilado de la sección de las Asociaciones del Anuario de la Federación Criadores de Caballos Raza Chilena de 2018.

Nacido y criado en la zona de Casablanca, don Héctor Quiroz desde muy pequeño cultivó el amor por el campo, por el caballo chileno y por el rodeo, algo que heredó de su padre José Valeriano Quiroz, quien, pese a morir cuando él era todavía un niño le inculcó mucho de lo que se ha hecho en el Criadero Blanca Amelia, gracias al cual su hijo Felipe también disfruta de su propio criadero, el Don Agustín.

"La  verdad es que yo siempre he sido muy cercano a los caballos, porque mi padre era un agricultor de acá de la zona de Casablanca. Teníamos un campo  más o menos grande que no era nuestro, todos decíamos que era el fundo  del  papá, pero la verdad es que él lo arrendaba desde 1920, y yo soy de los  más chicos de la familia, y junto con mi hermano teníamos 10 y 12 años  cuando el papá murió, y ya a esa edad ya íbamos a ver los caballos para salir a montar. Dicen, a mí no me consta, que la primera yegua inscrita que llegó a  Casablanca, era de mi papá, que él la compró. Así fue siempre me gustó el  tema y de a poco empecé a tener caballos, nunca tuve una gran crianza de caballos. Ya a los 15 años, era más o menos independiente, y tenía dos o tres caballos comprados, pero no nos gustaba echarle potros a las yeguas, porque nos gustaba salir a los rodeos, así es que recién empecé a criar por ahí por el  año 85", narra Quiroz, de 70 años.

"Era chico todavía y la primera yegua se la compré a don René Letelier, que  era criada por don Francisco Encina, y después le compré un caballo a don Arturo Correa, y ahí comenzamos, siempre corriendo con mi hermano Jorge. Éramos cabros chicos y nunca fuimos competitivos, nos gustaba harto ir a pasarlo bien, a disfrutar del rodeo y a estar con los amigos", añade.

"Después tuve a par de empleados que corrían conmigo, pero siempre corría  por la amistad, me gustaba harto disfrutar. Siempre salía algún premio y  como criador me establecí por ahí por el 85. Siempre he tenido pocas crías, con cuatro o cinco caballos en total. Ahora mi hijo está a cargo de todo, porque él también tiene su criadero, el Don Agustín, y entre los dos tenemos unos 10 caballos, aunque él le pone más empeño que yo y se ha ganado  Champions  importantes  con caballos nuestros", dice con orgullo.

"Ese amor por los caballos y por el campo se lo pude inculcar a mi hijo, y ahora él está muy dedicado a eso, y la idea nuestra es correr, pero a mí me gusta el rodeo antiguo, donde uno disfruta con los amigos. Ahora es todo muy competitivo, porque todos andan preocupados de completar, de sumar  los puntos", añade.

"Puedo decir que todo esto es motivo de orgullo, porque este cariño es una herencia de mi padre. Yo llevo el rodeo y el campo en la sangre, pese a que mi mamá nos castigaba, nosotros salíamos igual y ver a mi hijo en la crianza  es un orgullo, con buenos caballos, corriendo bien", finaliza Quiroz.

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