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Criaderos Santa Julieta y La Calichera, un viaje al pasado

Autor: Héctor Uribe Delgado
Mario Ramírez Neyra fue entrevistado como representante de la Asociación Limarí en el Anuario.

- Reportaje recopilado de la sección de las Asociaciones del Anuario de la Federación Criadores de Caballos Raza Chilena de 2019.

La crianza es una labor familiar, una pasión que se hereda, y así lo entiende Mario Ramírez Neyra, nieto de Patricio Ramírez, fundador del Criadero Santa Julieta, e hijo de Mario Ramírez Araya, continuador de don Patricio en el Criadero La Calichera.

"Efectivamente son dos criaderos, pero más que nada de nombre. Esto, porque uno, el Santa Julieta, estaba a nombre de mis abuelo, Patricio Ramírez, y el otro, La Calichera, estaba a nombre de mi padre, Mario Ramírez. Eso sí, al final el que manejaba todo lo que era el asunto de los criaderos en sí era mi abuelo. Él era el encargado, y era a quien le gustaba estar al tanto de todo", cuenta Ramírez.

"Esto partió más o menos por el año 43. A mi papá le empezó a gustar la crianza y mi abuelo, como también le gustaba, lo subió a los caballos. Empezaron a comprar yeguas en Santiago, y se vino a trabajar don Humberto Rojas, quien es hijo de Carlos Rojas, un corralero antiguo muy conocido que corría con los De la Fuente allí en Los Andes", narra orgulloso don Mario, quien cree que por esos tiempos la crianza era más fácil.

"Los campos eran más grandes, había más disponibilidad de agua. Esos campos más grandes permitían que se sembrara mucha alfalfa en esta zona, y eso ayudaba a quienes estaban criando", explica Ramírez, quien lamenta que las dificultades propias de la actualidad impidieron continuar con la tradición familiar.

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A la derecha, Mario Ramírez

"Ahora ya se achicó todo y me quedan un par de yeguas a nombre del Criadero Santa Julieta, pero la crianza en esta zona está muy compleja y lamentablemente a mis hijos no les gustó ni el rodeo ni los caballos", dice.

Luego de eso, hace un ejercicio de memoria y recuerda a los mejores ejemplares que sus antepasados tuvieron. "El criadero tuvo caballos bastante buenos, y dentro de eso, el más importante de todos y el más conocido de todos fue el famoso Jornalero, que era nieto de Salteador. Está también el Cautivo, que era hijo de Salteador, y que lo tuvo y lo corrió el Criadero Huelequén y tuvo un muy buen reproductor. Había otra yegua además que era la Sensación, que la corrió la familia Pons cuando corría con Guillermo Barra", recuerda Ramírez, quien se enorgullece de lo hecho por su abuelo y por su padre.

"Es un orgullo enrome, porque cuando se habla de los criaderos en la zona, saltan al tiro esos nombres, sobre todo por la visión que tuvo mi abuelo en formar este criadero, tanto así que las sangres que recopiló se mantienen. Esos que le nombré recién dieron que hablar a nivel nacional, pero a nivel local el criadero también tuvo bastantes caballos que estuvieron en los rankings de la zona de Coquimbo. Por ejemplo la Lolita, fue otra yegua bien conocida en la zona. También ahora último estuvo la yegua Curiosa que estuvo aquí en los rankings de la Asociación Limarí por harto tiempo", agrega.

"La gran ventaja que tenía mi abuelo era que no solo dedicaba los caballos a los rodeos, sino que también le gustaban mucho las exposiciones. Sacó muchos ejemplares que fueron premiados en la feria aquí en Peñuelas", explica agregando un hito más en lo hecho por sus familiares.

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