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Campeonato Nacional de Rodeo 1977

En este clásico revise todos los acontecimientos del Campeonato Nacional de 1977. En esta segunda parte recordamos la gran Serie de Campeones.

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Imprimir Guardar PDF Enviar Autor: fecha: Miércoles 13 de octubre de 2004
Cardemil y Fuentes resultarían terceros en la emocionante final de 1977  Fuente: Anuario Fedración del Rodeo Chileno 1977 Segunda Parte Primera Selección de Campeones   

Usando un término común y corriente, diremos que en esta Primera Selección entraron a tallar 47 buenas colleras, todas ellas, por supuesto, con el puntaje reglamentario, incluyendo a la campeona del año anterior. En su gran mayoría, son éstas las que han de llegar hasta el final.

Aunque ya en el primer animal sólo 15 fueron las que lograron destacarse, de entre ellas únicamente dos pudieron marcar nueve puntos. El segundo animal tuvo siete carreras de consideración; tres de ellas con un puntaje de seis.

Y el barómetro, digamos siguió bajando, ya que el tercer animal sólo tuvo dos carreras estimables. Finalmente, el cuarto animal, con tres buenas carreras: una de ellas con seis puntos.

Primer Lugar:   Urzúa-Valderrama, en Regalón y Rigor con 19 puntos.

Segundo Lugar: Cardemil-Fuentes, en Bellaco y Rigor con 19 puntos.

Tercer Lugar: Torneo-Beltrán, en Tabacón y Libueno con 17 puntos.

Cuarto Lugar: Lassere-González, en Quebradito y Lancero con 14 puntos.

Interesante la actuación del caballo Regalón. Un caballito chico, de gran categoría. Valderrama actuó estupendamente bien. Notable también la superación de Urzúa. Digan de ser realzada la actuación de Bellaco. En un potro nuevo, hijo de Percala (gran yegua, por lo demás), y de Taco, que se esta reproduciendo muy bien. Bellaco se suma, así, a la larga lista de buenos caballos de Ramón Cardemil.           

Pero, por los puntajes registrados, repetimos y creemos coincidir con la gran mayoría, que esta primera selección de campeones estuvo lejos de convencer. No se produjo lo que se esperaba de ella. Fue una verdadera lástima.

 El Huila acapara las miradas

Segunda Selección

Treinta y seis, de las 51 colleras que participaron en esta Segunda Selección, contaban con los 22 puntos de rigor. El desarrollo de la serie fue el siguiente: un primer animal con once carreras destacadas; una de ellas con siete puntos. Para el segundo animal hubo sólo tres carreras con el puntaje mínimo de cuatro, que hemos estipulado para ser consideradas. Hubo una sola carrera de cinco puntos. Para el tercer animal, cuatro carreras y una sola de ellas de siete. De las cuatro carreras que tuvo el cuarto animal, una de ellas fue de siete puntos.

El orden de llegada fue el siguiente:

Primer Lugar: Quera-Cáceres, en Chamanto y Arroyito con 19 puntos.

Segundo Lugar: Varela-Castro, en Antifaz y Yatagán con 19 puntos.

Tercer Lugar: Parot-Tamayo, en Borracho y Vespertino con 19 puntos.

Cuarto Lugar: Cardemil-Cardemil, en Temo y Chambao con 14 puntos.

Lo que dio a la serie gran interés, fueron, por cierto, los tres desempates. Diríamos, entonces, que esta serie fue de 71 puntos.

Tercera Selección

Fue corrida por 48 colleras, 20 de ellas con el puntaje estipulado. Fue la más baja de todas las series y esta aseveración quedará demostrada a través del sistema de apreciación que hemos venido aplicando a través de cada serie y selección.

En esta última selección puede decirse que entra a jugarse el raspado de la olla. Sin embargo, para el primer animal, siete fueron lasa colleras que llegaron a distinguirse, sólo tres de ellas con seis puntos. El segundo animal contó con cuatro buenas carreras, una de ellas de seis. El tercer animal, tres carreras destacadas, dos de ellas de seis y una de siete puntos. Cuarto animal, tres carreras, una de siete.      

Resultados:

Primer Lugar: Vargas-Rodríguez, en Cervecero y Yunque con 18 puntos.

Segundo Lugar: Lasserre-González, en Zarpa y Regalona con 17 puntos.

Tercer Lugar: Angulo-Tauber, en Amanecido y Pial con 15 puntos.

Cuarto Lugar: Bustamante-Bustamante, en Ventisquero y Andamio con 14 puntos.

La tercera selección de campeones dio un total de 64 puntos. Ahora nos resta comentar la etapa final y máxima, que marca el cierre de la temporada oficial.

Final del Campeonato 

Es lógico que la prueba final del Campeonato Nacional del Rodeo despierte gran interés, tanto en el público espectador como en los participantes mismos, ansiosos como nadie por comprobar los resultados de este gran encuentro deportivo.

Casi siempre, desde horas antes, a partir del almuerzo, podríamos decir, empiezan a circular en voz alta las primeras y diversas opiniones sobre los resultados que posiblemente han de llegar a producirse.

Generalmente la gran mayoría de los participantes y la gente del rodeo ha presenciado la actuación de los corredores en cada una de las series, siguiendo su desarrollo en con marcada atención, de allí que sus opiniones y sentido de apreciación sobre el proceso de la competencia posean especial importancia.

Muchos son los que conociendo la real condición de caballos y jinetes, tendrían una visón bastante clara y objetiva, motivo por el cual, sus juicios, y pronósticos serán muy precisos y aproximados al resultado final.                    

Desde un punto de vista personal, podemos decir que fue un buen campeonato, y si para calificar esta última parte del torneo, aplicamos la tabla de comparación que hemos venido usando, llegaremos a un resultado que ha desprenderse de números y cifras inobjetables.

El primer animal contó con 10 carreras de las que hemos venido considerando como destacadas. Fueron las siguientes y con el puntaje que se indica:

Una de diez puntos: Parot-Tamayo, en Desiderio y Guariqueque.

Dos de siete  puntos: Vergara-González, en Angamos y Placer; Cardemil-Cardemil, en Cancionera y Secarrona.

Una de seis puntos: Mallea-Urrutia, en Cachupín y Campesino.

Cinco de cinco puntos: Valderrama-Urzúa, en Regalón y Rigor; Hott-Hott, en Escorpión y Mentirosa; Aguirre-Sepúlveda, en Año Seco y Horquilla; Cardemil-Cardemil en Temo y Chambao; Mora-García, en Guardián II y Trehuaco.

Una de cuatro: Bustamante-Bustamente en Andamio y Ventisquero.

Para el segundo animal hubo ocho carreras de consideración, y ellas fueron:

Dos de ocho puntos: Cardemil-Fuentes, en Bellaco y Rival; Angulo-Teuber, en Amanecido y Pial.

Dos de seis puntos: Parot-Tamayo, en Borracho y Vespertino; Bustamante-Bustamente en Andamio y Ventisquero.

Dos de cinco puntos: Lasserre-González, en Quebradito II y Lancero; Vargas-Rodríguez, en Cervecero y Yunque.

Dos de cuatro puntos: Vergara-González, en Angamos y Placer; Cardemil-Cardemil, en Cancionero y Socarrona.

Siete carreras valiosas en el tercer animal.

Dos de nueve puntos: Vergara-González, en Angamos y Placer; Cardemil-Fuentes, en Bellaco y Rival.

Dos de seis puntos: Mallea-Urrutia, en Cachupín y Campesino; Cardemil-Cardemil en Temo y Chambao.

Tres de cinco puntos: Valderrama-Urzúa, en Regalón y Rigor; Angulo-Teuber, en Amanecido y Pial; Parot-Tamayo, en Desiderio y Guariqueque.

Y el cuarto animal, el definitivo contó con tres carreras a mencionar. Las tres fueron de seis puntos.

Tres de seis puntos: Vergara-González, en Angamos y Placer; Cardemil-Fuentes, en Bellaco y Rival; Parot-Tamayo, en Desiderio y Guariqueque.

En general, el desarrollo fue muy interesante. La pareja -que finalmente fue la campeona- terminó el segundo animal, con una carrera de seis puntos, y que sumados a los diez obtenidos en el primero, quedó con 16 puntos, contra los 11 que ostentaba cada una de las colleras, que le seguían en posibilidades.

Pero, ¿qué pasó con el tercer animal? Bueno, que la collera de mayor puntaje hasta ese momento marcó nuevos cinco puntos  a su favor, llegando a la linda  cifra de 21 puntos; en cambio, dos de las tres colleras en pugna; Vergara-González, en Angamos y Placer; y Cardemil-Fuentes, en Bellaco y Rival, al obtener nueve puntos cada una, llegaron ambas a totalizar 20, quedando lamentablemente rezagados Angulo-Teuber, que en Amanecido y Pial, sólo lograron reunir 16 puntos.

Las dos colleras de que habláramos recién, y que en el orden de la nómina tenían los números dos y tres, en el cuarto animal, al totalizar ambas 26 puntos, pasando a la delantera, dejando en segundo término a la que hasta ese momento se perfilara como indiscutida campeona, y que en lista de selección le correspondía el número 25, o sea, que su turno estaba al final de la serie.      

Llegado el momento de su actuación  salió en busca de nueva ventaja, mejor dicho, dispuesta a obtener el preciado título. Cumplieron su objetivo, ya que en esa carrera obtuvieron nuevos seis puntos, recuperando la aventajada primacía, que tan eficientemente habían venido manteniendo y que finalmente, había de asignarles el primer lugar.

Vino, entonces, el apasionante desempate por la ubicación de del segundo puesto entre las dos colleras, que, en estrecha pugna, venían manteniéndose a un mismo nivel, acción que no hizo más que despertar la admiración del público, poniendo en relieve la gran calidad de ambas, tanto en jinetes como caballos.          

Por esta vez, la suerte no les fue propicia a Cardemil-Fuentes, que pese a sus esfuerzos, sólo lograron una marca de dos puntos. En cambio, los campeones del año anterior. Vergara-González, obtuvieron cinco puntos, cifra más que suficiente para ubicarse en un segundo lugar.

El público  y los participantes en general deseaban y esperaban con secreto regocijo, que se produjera algo extraordinario, por ejemplo: que Parot, en el cuarto animal, hubiera obtenido los puntos justos para un empate entre las tres colleras. Hecho que aparte de constituir una curiosa coincidencia, hubiera provocado una mayor expectación y entusiasmo en torno a un espectáculo de extraordinario relieve. Hay que darse cuenta  lo que significa una final de tal especie.

Si bien no sucedió así, no por eso dejó de tener ribetes poco comunes, dejando en el público, el consenso de haber presenciado la final de un torneo de notable calidad.

Quisiéramos en esta oportunidad resaltar -porque se lo merece- la actuación de la collera campeona. Hay que reconocer que el desempeño de Samuel Parot y Eduardo Tamayo, fue destacado no sólo en la final, sino a lo largo de toda la temporada. No olvidemos que tenían a su haber el campeonato de rodeo de Osorno.                 

Consideramos que con su última presentación, Tamayo demostró haber llegado a la cúspide de su consagración como jinete. No vacilaríamos en calificarle como uno de los mejores del país. El ranking, sin duda alguna, confirmará nuestro juicio, adjudicándole el puesto de honor que le corresponden. Con Samuel Parot consiguen formar un binomio de extraordinaria efectividad y perfección.

Es de justicia, al mismo tiempo, la brillante actuación de Ramón Cardemil, que una vez más demostró sus excepcionales condiciones corraleras, superando el precario estado en que le tocó actuar y que, pese a encontrarse bastante lesionado en una de sus piernas, perseveró hasta el final. Por su fuera poco, se presentó en un caballo nuevo, exigiéndole bastante, pero teniendo la satisfacción de verle responder en gran forma.

En efecto, es la suerte quien en muchas oportunidades tiene la última palabra. Su compañero, Manuel Fuentes, demostró, como siempre, su gran condición.

La prueba final nos demostró, igualmente un algo especial, a la que debemos poner énfasis, ya que se vio que la pareja de Pedro González-Ramón González no se ganó de casualidad el campeonato del año anterior, sino que supo seguir manteniendo una misma relevante calidad, ya que sólo por un punto no lograron retener el codiciado título de campeones. Ambos jinetes se merecen nuestro reconocimiento y más sinceras felicitaciones.

 Gran llegada del Guariqueque, con las riendas de Samuel Parot

Entre los finalistas, mal haríamos en olvidar la meritoria actuación de Angulo-Teuber, que lograron no sólo clasificarse, sino que llegaron a ocupar un honroso cuarto lugar, lo que no es poco decir, tratándose de un tan selecto grupo de ganadores.

Aunque el campeonato estuvo desprovisto de la espectacularidad del año anterior, al no contar con el empate que en aquella oportunidad se produjeran en el primer y tercer lugar, poseyó rango y categoría, aparte de una apreciable calidad técnica, como se desprende del sistema de comparación, que nos ha permitido venir evaluando el desempeño de cada serie y selección.                                    

Así tenemos el siguiente orden de llegada y respectivo puntaje:

Primer Lugar: Parot-Tamayo, en Desiderio y Guariqueque con 27 puntos.

Segundo Lugar: Vergara-González, en Angamos y Placer con 26 puntos

Tercer Lugar: Cardemil-Fuentes, en Bellaco y Rival con 26 puntos.

Cuarto Lugar: Angulo-Teuber, en Amanecido y Pial con 16 puntos.

En una palabra, la prueba final fue de 95 puntos. Muy buen puntaje, por lo demás, y bastante superior a los totales arrojados por las diversas series y selecciones. Es decir, como correspondía estrictamente a una etapa final.

Recordemos que la serie que diera la cifra más alta fue la correspondiente a yeguas, con 77 puntos, y que en su oportunidad calificáramos como ¨curiosamente mejor que la de caballos¨, que logró una marca de 75.

Porque, en efecto, en las series los mejores puntajes correspondieron a yeguas y potros, con 77 y 71 puntos, respectivamente.

Entre las selecciones, el mejor puntaje correspondió a la segunda de ellas, con un total de 71 puntos.

Los números son más elocuentes de cuanto pudiéramos decir al respecto, como, al mismo tiempo, frente a ellos no hay error posible. Por eso enfatizamos que la final logró un cómputo digno de un Campeonato Nacional, superior en 18 puntos a todas las marcas alcanzadas anteriormente.

Para finalizar, y como dato estadístico, estimamos interesante dar una ojeada y ver cuáles, y en qué número, estuvieron representadas las Asociaciones, entre las 30 parejas que llegaron a la final.

Así, tenemos la siguiente alineación:

10 colleras de Osorno

7 colleras de Curicó

4 colleras de Santiago

3 colleras de O¨Higgins

2 colleras de Cautín

1 collera de Valparaíso

1 collera de Talca

1 collera de Linares

1 collera de Malleco

 Es así como queda en evidencia que, en la actuación, es en Osorno donde se encuentra concentrada la mayor actividad y calidad corralera. De allí procede el 33 por ciento; luego Santiago, que curiosamente contó con cuatro parejas.

Esta es, en síntesis, la breve reseña de un encuentro deportivo de gran importancia. La máxima aspiración: salir airoso de ella. Hay quienes han repetido la hazaña cinco y más veces. Son la excepción. En éste, como en todos los deportes, muchos son los llamados, pocos los elegidos.

El inmenso número de participantes es causa de la asombrosa cantidad de buenos jinetes que integran nuestras filas. Muchísimos son los poseedores de una brillante hoja, ganada a través de lucidas actuaciones y largos años de perseverante práctica, paciencia y una vocación a toda prueba.

Porque el rodeo exige una férrea disciplina, más extremada que la de muchos otros deportes. Pero ni eso limita nuestro número, ni la firme voluntad de la legión de hombres, que en cuerpo y alma nos entregamos a su cultivo, dispuestos a superar todos los obstáculos. ¡Sólo Dios sabe los esfuerzos y sacrificios que a diario debe vencer el corralero!

¡Pero, qué diablo! El rodeo es absorbente. Llega a ser casi una devoción. Ninguno de ellos, por más que se corra en el más apartado rincón de Chile, puede ser considerado como un encuentro improvisado. Quien así llegue a suponerlo, es porque ignora su lento proceso.

Felizmente nuestros desvelos se han visto altamente compensados. Lo comprueba la gran afluencia de público que acude a presenciar su desarrollo en todas las medialunas de Chile, haciéndose más evidente en Rancagua, donde sus aposentadurías, capaces de contener miles de espectadores, se hacen estrechas para dar cabida en ella, durante tres días consecutivos, aun fervoroso público.

Y es que aparte de ser un deporte, el rodeo es la más genuina y representativa expresión de nuestra nacionalidad.

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