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El Legado de Gil Letelier (II)

Final de este artículo acerca de uno de los forjadores del rodeo.

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Imprimir Guardar PDF Enviar Autor: fecha: Viernes 10 de octubre de 2003

Por Luis Iván Muñoz 

 

Los Caballos y su Arreglo

Este joven y buen jinete se vanagloriada, y dicen los entendidos de la época que con justa razón, de tener entre sus piaras los caballos más arreglados de boca de su tiempo. En broma, y en el entusiasmo del rodeo, se sacaba las botas y corría un toro en presencia de sus amigos, a quienes al terminar su corrida les pedía que revisaran sus pantalones a ver si encontraban un pelo de novillo en ellos, demostrando así que con un buen caballo arreglado no se requería de protecciones.

Como reconocimiento a su calidad, en el Tomo Primero del Stud Book del caballo criollo, se destaca a este pequeño pero gran jinete en una foto montando en su yegua Yusera.

Sus mejores caballos fueron arreglados por Tomás Celis -Don Chuma-, Egidio Urbina, Belisario Ramírez, Pepe Zabala y Bernabé Ruiz. Ellos, bajo la estricta y cuidadosa vigilancia de su patrón Gil Letelier, formaron una verdadera escuela, introduciendo una nueva técnica en el trabajo más acabado de los caballos que participan en las competencias, tanto de rodeo como de tiraduras de riendas.

En aquella época no sólo los arregladores de planta, que en su oportunidad de planta, que en su oportunidad pudiera tener Gil Lelelier en el Fundo San Joaquín, eran sus proveedores de caballos con amigos como don Tobías Labbé, don Pancho Encina, don Sergio Marambio, don Nacho Goycolea, y otros, los cuales entregaban a arregladores que vivían en sus pequeñas hijuelas, principalmente en la zona de hospital.

Quizás, y entre ellos a quien Gil Letelier tenía mayor consideración y respeto era a Nicolás Contreras, viejo arreglador, tío de doña Elcira Contreras, cónyuge de don Chuma Celis, quien hacía largos viajes partiendo desde su pequeña hijuela ubicada en un rincón cordillerano cercano a la Leonera, con un grupo de caballos, los que en su trayecto iba arreglando y que además le servía como piaras en este recorrido que iniciado desde su rústico campito, pasaba por Alto Jahuel, cargando harina para el viaje y seguía a Malloco donde le hacían los frenos precisos a cada caballo. Siguiendo viaje a las Salinas en el convento, cerca de Pichilemu, compraba la sal y seguía viaje a San Vicente de Tagua-Tagua donde se hacían los mejores zapatos de la época. En su trayecto como conocido y respetado arreglador que era, pasaba algunos períodos en los fundos de la zona y se recuerda que uno de los últimos que visitaba era el campo de don Colacho Larraín, gran amigo de Gil Letelier, quien se apuraba en avisar a su amigo recomendándole los mejores caballos, que Gil más tarde probaba y adquiría para sus competencias.

Los Rodeos

Se reconoce que Gil Letelier fue un fuerte impulsor del Rodeo-Competencia, organizador en beneficio de las Instituciones de Servicio a la Comunidad, en que poco a poco y a través de los años se fue transformando aquel Rodeo-Fiesta que surgió como celebración al término de la recolección de las cosechas, y cuyo verdadero origen data de la Colonia. No sólo dedica gran parte de sus energías a colaborar en la organización de Rodeos en su Fundo San Joaquín, sino que también y activamente colabora en la organización y el desarrollo de los Rodeos de Machalí, Rengo, Hospital, San Vicente de Tagua-Tagua y otros.

En todos ellos compite montado en caballos extraordinariamente arreglados, son de gran recuerdo por ejemplo, La Yusera, yegua Lucana(del Criadero Adolfo Luco), y su propia hermana La Solapa. Respecto de la primera aún se recuerda que después de la muerte de Gil Letelier y al efectuarse el remate de sus caballos, la yegua fue subastada en el año 1933 en la suma de $22.700.- por don Evaristo Urrutia, suma equivalente al valor de un predio agrícola de la zona central. Nos cuenta Don Lete, Ricardo Letelier Pardo-su hijo-que La Yusera no sólo era la mejor yegua para tiraduras en riendas y rodeos de la época, sino que además había sido ganadora de exposiciones, por ello el gran Evaristo Urrutia no sólo representaba un interés en la yegua, sino que además existían fuertes razones afectivas y emotivas, fundadas en el recuerdo de Gil Letelier, por lo cual Don Lete le hizo entrega también de las medallas ganadas por la yegua y su legendario jinete.

El Churrasco, caballo castrado, y la Mi Negra, ambos arreglados por don Chuma Celis, eran otras de las famosas piaras en que corría y tiraba y tiraba en riendas Gil Leletier. La yegua Mi Negra en el remate a que hemos hecho mención más arriba, fue adquirida también en un gran precio por don Alejo Núñez. Esta yegua había sido criada por don Tobías Labbé y fue madre de la yegua Villoslada, la que fue llevada a España por un rico empresario maderero español avecindado en Chile, don Domingo Hernández.

Potro Batro

Una mención aparte para este magnífico ejemplar de la raza chilena, criado en sociedad por don Francisco Antonio Encina, propietario de El Damasco, hijo de Alfil y por don Omar Santapao, propietario de La Palomita, hija del Angamos, y que fue arreglado y corrido por don Chuma Celis. Entre los hijos del este potro destacamos al Rascucho, padre de la Reserva, madre del Estribillo  y de La Talavera, madre de El Taco, también al Pate Loro, al Garabato y tantos otros que conoce la afición.

Quizás, y para concluir nuestra breve reseña acerca de este joven y gran amigo del rodeo, del caballo y de la cultura chilena, debemos recordar que cuando Don Pancho Encina y don Omar Santapao, quisieron disolver su sociedad y dividirse la propiedad del Batro, al no existir acuerdo designaron como árbitro para tal efecto a don Tobías Labbé, quien estudiados los antecedentes, y resguardando el mejor futuro de este gran ejemplar, falló en única y definitiva instancia que el potro se entregaba como un arreglo de ambas partes al amigo Gil Letelier Velasco.  

Fuente: Anuario Rodeo 1993

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