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Abelino Mora, Campeón o Nada

Desde pequeño fue un amante de los deportes, pero fue la muerte de su padre la que lo llevó a lo que sería su gran pasión: el rodeo y el caballo.

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Imprimir Guardar PDF Enviar Autor: fecha: Miércoles 27 de agosto de 2003

Por Luis Iván Muñoz Rojas

El 4 de diciembre de 1926, nace en Temuco Abelino Ricardo, hijo de don Abelino Mora Hernández y de doña Praxedes Inostroza Rodríguez.

Sus primeros contactos con el campo y los caballos, se remontan a su infancia. Por esos entonces, Temuco era una ciudad más acampada. En el solar donde se encontraba su casa, y que quedaba en pleno centro de la ciudad, su padre tenía pesebreras para un buen número de caballos, por lo que él se imagina y nosotros con él, que desde sus primeros días sus paseos tienen que haber sido en brazos de sus progenitores, a caballo por la ciudad de Temuco.

Su padre, hombre de gran situación, se había iniciado en la agricultura al comprar el fundo Santa Cecilia, entonces ubicado en las afueras de la ciudad y hoy parte del radio urbano. A ese fundo se fueron agregando otros a la propiedad familiar como Santa Raquel en Huichahue; Los Juanes en Las Hortensias; El Ajial en Los Laureles; El Pino en Toltén, y también en Toltén, pero a orillas del mar, el Fundo Santa Geraldina; Fundo Santa Ana en Barros Arana, y por último en el mismo camino de Freire a Hualpín el Fundo Santa Elena, que años más tarde le sería adjudicado a Abelino.

Su padre era muy acampado, prefería correr los campos de a caballo, aunque a veces las distancias entre uno y otro le tomaban dos a tres días, pese a que desde el año 1922 era propietario de un Chevrolet nuevo, el primer auto que llegó a Temuco, que antes de comprar y para asegurarse que serviría en sus labores, le exigió al vendedor, como demostración, subir en él el cerro Ñielol. Así lo hicieron, subieron y bajaron sin problemas. Poco lo ocupaba, prefería los caballos. En el año 1929, se compró un Nash, elegante vehículo de cuatro corridas de asientos, que permaneció encarpado por años, hasta que Abelino, ya fallecido su padre, lo usaba en su juventud para ir a las fiestas con todos sus amigos.  

Eran seis hermanos Oscar, Raúl, Fresia, María Luz, Abelino y Abelardo.

Mientras cursaba sus estudios en el Colegio Alemán de Temuco, falleció su padre. Abelino sólo tenía 11 años. Estuvo en se colegio hasta el tercer año de Humanidades, último curso que impartía en ese entonces el colegio, donde aprendió a hablar fluidamente el idioma alemán. 

Dice Abelino "al terminar el tercer año, los hijos de los alemanes se iban a trabajar al campo, pero a mí, mi madre me envió a continuar los estudios al Instituto San José, hoy Colegio La Salle".

Cualquiera se preguntará ¿y para qué le sirvió a Abelino nacido y criado en la frontera, su fluidez en el idioma alemán?. "Para mucho", -cuenta el mismo- por ejemplo, una vez al ir a Osorno para comprar animales, fue recibido por dos alemanes, padre e hijos, ambos muy conscientes de su ascendencia.    

Abelino les manifestó su interés por comprar novillos, ante lo cual el padre indicó en alemán a su hijo: "dile a este indio que tenemos 300 y que su precio es de $6 el kilo, pero como debe ser un tipo de poca plata, rebájale a $5 para que le alcance para comprar unos pocos". Dicho esto, el padre se retiró al interior de la casa y dejó a su hijo con Abelino. Con toda calma Abelino, en correcto alemán indicó al hijo que compraba los 300 novillos a 5 pesos el kilo.

Sorprendido y achunchado el joven alemán volvió a su casa para consultar a su padre, quien dándose cuenta de su desatino, se disculpó con Abelino y lo convidó a tomar té... -y nos agrega- "demás está decir lo pantagruélico del refrigerio, con embutidos, pan recién horneado, kuchenes de diversos tipos, ganso relleno con ciruelas y nueces ralladas, y otros 'bebestibles'. Terminaba la tarde, y grandes amigos, nos despedimos, cerrando el trato tal cual lo había ofrecido".

"De pequeño siempre quise ser deportista" -dice Abelino- "y mientras estaba en el Colegio Alemán durante tres años consecutivos obtuve el Premio al Mejor Atleta, pese a que no destacaba precisamente por mi porte entre tantos alemanes, sino por mi empeño. Cursaba el Quinto año en el Instituto San José, tendría unos 16 años, cuando fui a ver por primera vez en mi vida un rodeo, que se hacía en la Expo de Temuco. Miré por entre las tablas, vi a dos jinetes, de lindas mantas, con sombreros blancos y en monturas blancas. Eran Pepe Zavala y Santiago Soto corriendo los caballos de Belarmino Ormeño. Quedé impactado por la elegancia, lo bien sentados y los buenos jinetes que eran ambos, y en forma muy especial por la clase de Pepe Zavala. Pagué mi entrada, me senté en la tribuna a disfrutar de las corridas de estos grandes maestros. Fue entonces cuando tomé la determinación de dedicarme por entero a este deporte, al que le he entregado toda mi vida..."                    

El Criadero Trehuaco y los Comienzos de un Corralero

Con Quinto año rendido, su hermano mayor Oscar estudiando Leyes en Santiago, su madre y sus otros hermanos no daban abasto para el cuidado y la mantención de todos los fundos, por lo que se vio en la obligación de hacerse cargo del Fundo Santa Elena.

Se llevó unos cuantos caballos de la sucesión, con los que inicia su criadero Trehuaco y contrata como arreglador a Segundo Espinoza, un empleado de don Andrés Lamoliatte. Con cariño recuerda Abelino Mora estos primeros años, y en especial a Segundo Espinoza... que los enseñaba... "cuando yo me caía y quedaba debajo del caballo, le pedía ayuda y su respuesta era contundente... ¡No patrón! Acostumbre el cuerpo a duro... ¡Cómo me enseñaba y cómo me quería!, si más adelante cuando empecé a correr en los rodeos, todos los viernes en la noche iba a la Medialuna donde se iba a correr y prendía a velas e las atajadas para pedirle a Dios que me ayudara a ganarme el Champion. Es más, tenía una calavera que llevaba a todos los rodeos, cuando calentaba su choca, la ponía cerca del fuego hasta que se chamuscaba un poco, y entonces le decía... 'te molesta el fuego... Bueno, si el patrón no se saca el Champion, ahí si que te voy a pegar una calentaíta en serio...' Era muy rebruto Segundo, pero por Dios que era buen hombre..."

Abelino recuerda que en aquellos años iba con su madre doña Paxedes a ver los rodeos, especialmente para observar a sus jinetes, Segundo Espinoza y Julio Melo, capataz del fundo Santa Cecilia.

Fue precisamente en una de estas oportunidades que cuando sentado en la tribuna viendo el desfile de jinetes del rodeo de Lanco, se le acercó Pepe Gutiérrez que venía con las bostas y las espuelas debajo del brazo y le pidió que lo acompañara a correr. Abelino se resistió porque no había corrido nunca en un rodeo oficial, pero la insistencia de su madre y de sus amigos, fueron impulso suficiente para aceptar correr en la serie de yeguas, la Azuleja y la Polola, dos yeguas negras que le habían prestado los hermanos Santos. Se emociona Abelino cuando recuerda que en esa oportunidad se ganaron la Serie, y como premio una bandera chilena en su pedestal, que mantuvo en su poder por más de treinta años y que desgraciadamente un día, sin saber cómo ni explicación alguna, desapareció desde su living donde tantos años lo había acompañado.

En el mismo rodeo y ya entusiasmado, le compra a don Julio Santos las yeguas blancas, Solterona y Mala Lengua, y se conviene la contratación de Pepe Gutiérrez para que lo acompañe el resto de la temporada y lo enseñe y prepare para las grandes competencias.

A la semana siguiente corren juntos en Pitrufquén y premian las yeguas blancas con el primer lugar, pero las yeguas fallan en el Champion. Para mejorar sus participaciones en los próximos rodeos, la termino del mismo Champion, Abelino compra a don Federico Guzmán la Comadre y el Busca Boches.

Una semana después, corre el Rodeo de Victoria con esta nueva collera y gana el primer Champion de su vida, con lo que se termina la temporada y reconfirma a Pepe Gutiérrez como arreglador de su criadero Trehuaco.

El otro año, corren la Comadre y el Busca Boches en tres rodeos, ganándose los Champion de la ciudad de Victoria, Traiguén, y San José de la Mariquina.

Fuente: Anuario del Rodeo 1998

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